4 jun. 2017

CONTRA EL SILENCIO (Comunicado)

A TODOS LOS ALUMNOS Y LECTORES DE ESTE BLOG



El pasado miércoles 17 de mayo ocurrieron unos hechos muy graves en nuestro instituto. El padre de una alumna amenazó e intentó agredir a un profesor. Al igual que yo, probablemente ni te hayas enterado hasta varios días después, o a lo mejor es esta la primera ocasión que tienes de conocer los hechos.

Es muy probable que el profesor no vuelva nunca más al instituto. De hecho, este curso ya hay una profesora sustituyéndole. El profesor ha presentado una denuncia contra el padre, el Consejo Escolar del Instituto ya ha tomado las medidas administrativas que le permite la legislación, y también lo hará la propia Consejería de Educación a través de la Delegada Territorial (Delegada Provincial). Pero la única consecuencia visible es únicamente que el profesor amenazado ya no está en el centro.

Reflexionemos. Contestémonos estas preguntas:

- Desde el punto de vista de un alumno... ¿puedo suponer que si tengo algún problema con un profesor, lo mejor es que venga mi padre a cantarle las cuarenta, el profesor se va y asunto resuelto?

- Desde el punto de vista de un profesor... ¿puedo suponer que ante cualquier problema con un alumno, lo mejor es callar, aguantar y ocultarlo porque puede venir un padre o madre a cantarme las cuarenta, y si hay un problema gordo, o bien lo sufro en silencio o bien me doy de baja por depresión y ansiedad?

- Desde el punto de vista de un padre o madre... ¿puedo suponer que si mi hijo o hija tiene un problema en el centro o quiero tratar cualquier asunto relativo a sus calificaciones, trabajos, actividades, etc., lo mejor es cantarle las cuarenta al profesor, tutor o equipo directivo en cuestión?

- Desde el punto de vista de conserjes, personal de Secretaría, limpiadoras, trabajadores de mantenimiento, adjudicatarios del servicio de cafetería... ¿puedo suponer que tengo que admitir sin más los malos modos, desconsideraciones y faltas de respeto que en ocasiones tienen conmigo algunos alumnos, padres y otras personas ajenas al centro?

- ¿Tenemos todos (alumnos, padres, profesores, personal no docente) que venir con miedo al instituto porque me pueden insultar, humillar, despreciar, acosarme e incluso pegarme si no callo y trago, y por contra levanto la voz?

- ¿Estamos todos dispuestos a asumir que esto es algo normal en el día a día escolar, que son cosas sin tanta importancia que ocurren a veces, y que siempre ha sido así y lo va a seguir siendo?

- ¿Estamos dispuestos a asumir que esto son cosas que les pasan a los demás y que a mí no me va a tocar la papeleta nunca?

- ¿Vamos a mirar para otro lado ante las faltas de respeto, la ley del más fuerte y la falta de convivencia en las aulas, el patio, la cafetería, los pasillos, los laboratorios, la biblioteca... en todo el centro?

Si tus respuestas han sido todas NO, dílo. Hazlo saber. Hazlo visible. Demuéstralo. Practícalo. Enséñalo. No te hagas el sordo ni mires para otro lado. Estas actitudes y comportamientos NO son nunca admisibles en nadie por ningún motivo. EXIGE Y PRACTICA EL RESPETO CONTIGO MISMO Y CON LOS DEMÁS. NO TOLERES ACOSOS, AMENAZAS NI AGRESIONES.

Medidas administrativas y judiciales aparte, yo creo que si el instituto aún está vivo y no somos un grupo de "almas muertas", tenemos que hacer todos algo más. Creo que yo también debo de tener mi propio "protocolo" de actuación cuando ocurran hechos de esta naturaleza y quiero que sea visible mi NO. Los profesores nos hemos preparado durante años para hacer nuestro trabajo y tenemos derecho a que este se respete. NO puedo asumir como normal la falta de respeto en clase o fuera de ella. NO es parte de mi trabajo aguantar incidentes, desprecios a mi labor ni ser agredido de palabra o físicamente por ello.

Desgraciadamente, también yo, como el profesor agredido, he sufrido y presenciado varios hechos iguales y parecidos en otros centros y también en el IES Ponce de León. Siempre callé ante la injusticia, la sufrí, cuando me tocó padecerla, en silencio y jamás dejé de seguir dando clase. Ahora, he pensado que lo mejor es levantarse, ponerse de pie y abrir las ventanas para airear el fétido olor del silencio cómplice. Por mí y por todos. Me lo debo a mí mismo y a los demás.

Amo este trabajo, por eso lo escogí y me preparé para hacerlo. Creo que trabajar con personas es una de las cosas más gratificantes que hay en la vida, por eso sigo al pié del cañón después de 30 años. Y voy a seguir pidiendo respeto para todos y también para su trabajo, empezando por el mío. Aunque a los que callan y mandan callar no les guste.

¡¡NO ES NO!!